20 abr. 2009

Sale a la luz la segunda edición de la obra pionera Las Canarias Preeuropeas y el Norte de África, del profesor D. Ahmed Sabir

Se trata de la segunda edición del primer estudio que abarca las relaciones históricas y culturales entre las Islas Canarias y el Norte de África, poniendo como ejemplo las regiones bereberes del Sur de Marruecos. Esta vez, la publicación del libro ha sido llevada a cabo por el Instituto Real de la Cultura Amazigh (IRCAM) de Marruecos. Al igual que en la primera edición, se ha echado en falta la participación económica de las instituciones culturales de Canarias, las cuales parecen continuar sumidas en su apartheid ideológico.


D. Ahmed Sabir es Decano del Departamento de Hispánicas de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Ibn Zohr de Agadir (Marruecos), además de profesor especialista en Filología Hispánica. De origen amazigh, conocedor de Canarias, berberófono y arabófono, cuenta quizás con el perfil investigador más adecuado para realizar un trabajo de esta envergadura. El Sr. Sabir además, mantiene estrecho contacto con investigadores canarios del campo de la Arqueología, la Lingüística y la Etnografía, lo cual le permite obtener unos resultados fiables y bien contrastados.
Al parecer, esta edición no será vendida -por ahora- en Canarias al no existir todavía ninguna librería que se haya puesto en contacto con el IRCAM para solicitar un envío. Sin embargo, la obra puede adquirirse en cualquier librería de Agadir (Marruecos) al módico precio de 50 dirhams -menos de 5 €-.

La obra consta de un total de 455 páginas en las que se abordan temas tan interesantes y diversos como los paralelismos etnográficos, arqueológicos y lingüísticos, con un lenguaje ameno que enseguida despierta el interés del lector.


Resulta lamentable que una obra de esta envergadura no haya recibido ni un céntimo del Gobierno de Canarias, más aún cuando recientemente el señor Presidente ha visitado la región de Agadir haciendo alarde de unas buenas relaciones para el intercambio cultural”, explica la portavoz de Ossinissa. “Por otro lado las instituciones "nacionalistas" financian actos tan ridículos como representaciones de la Feria de Abril de Sevilla, que no tienen ningún arraigo en Canarias”, añade. La Asociación Cultural Ossinissa, a través de la ONG Tamaynut, estudia la posibilidad de adquirir un número considerable de ejemplares para venderlos a través de su página web, visto el desinterés general que ha prestado el Gobierno de Canarias y las instituciones culturales del archipiélago.

17 abr. 2009

Voces del cielo

Durante los últimos tres mil años, esta «Estrella de Osiris» o, de forma más genérica, «Estrella del Sur» ha hecho su aparición en el cielo de Canarias, con la oscilación que impone la precesión o movimiento retrógrado de los equinoccios, en torno al veintitrés (23) de agosto (± 5 días), permaneciendo visible hasta el diecisiete (17) de abril (± 5 días). Fechas que, junto a los primeros días de febrero, cuando ocurre su orto acrónico (o aparición vespertina), llevan a pensar en un antecedente astral de origen nativo para el culto a la Virgen de Candelaria.


La ineludible influencia de los ritmos, estados y evoluciones celestes en los acontecimientos terrenales hizo que el ser humano alzara la vista hacia el cielo con tanto temor y respeto como anhelo y esperanza. En aquel inmenso azul del tiempo, descubrió una danza precisa y eterna que anticipaba la vida, encontró potencias colosales que impulsaban o negaban la existencia, en ocasiones de manera no menos voluble que el comportamiento de las personas. Animar aquellos agentes e imágenes cósmicas de un designio consciente, de una voluntad poderosa y ajena a los empeños humanos, permitía integrar las expresiones anómalas de esa realidad en su curso regular. Registro y ritual procuraron explicaciones, suministraron pautas, guiaron el diálogo pragmático y simbólico con una naturaleza siempre vivaz y compleja, aunque, por supuesto, sin alejarse demasiado de las recurrentes estrategias de dominación social.

Diversas culturas repartidas por todo el planeta, en América del Sur, Asia o África septentrional por ejemplo, concibieron la creación del universo a partir de un huevo. En el antiguo Egipto, se creía que el Sol (Ra) había nacido de este óvulo precursor, símbolo de una potencia vital que emergía espontánea y misteriosa. Incluso, el ataúd interior en el que era depositada la momia recibía esa misma designación, sa ‘huevo’, tenido así por un recipiente de la inmortalidad. Aunque quizá la formulación más conocida remite al dualismo básico concentrado en el t’ai chi, el concepto chino de unidad de los dos principios elementales de cierta energía substantiva que, conforme se aduce desde esta doctrina, nutre y sostiene el universo: luz, calor y masculinidad, de una parte, junto a sombra, frío y feminidad, de la otra.

De acuerdo con una remota tradición norteafricana, la explosión de una estrella primordial fue la que generó el primer cielo. Esa especie de mónada precósmica, pensada también como un huevo, habría estado compuesta por dos mitades: una superior, blanca y seca, y otra inferior, roja y húmeda, separadas o atravesadas por una fuerza vivificante, un germen negro que, en forma de serpiente, se evoca todavía como divisa de fecundidad en el mundo amazighe. Ese astro germinal recibe hoy el nombre de Canopo (Alpha Carinae), recuerdo de la antiquísima ciudad portuaria de Kab Nuh, El Dorado del Bajo Egipto. Con una magnitud de -0.86, es la estrella más brillante del firmamento después de Sirio (Alpha Canis Majoris, magnitud -1.58), aunque sólo porque se encuentra a mayor distancia de la Tierra. Durante los últimos tres mil años, esta «Estrella de Osiris» o, de forma más genérica, «Estrella del Sur» ha hecho su aparición en el cielo de Canarias, con la oscilación que impone la precesión o movimiento retrógrado de los equinoccios, en torno al veintitrés (23) de agosto (± 5 días), permaneciendo visible hasta el diecisiete (17) de abril (± 5 días). Fechas que, junto a los primeros días de febrero, cuando ocurre su orto acrónico (o aparición vespertina), llevan a pensar en un antecedente astral de origen nativo para el culto a la Virgen de Candelaria.

Abonan esta hipótesis algunos testimonios documentales muy ilustrativos. Para el poeta lagunero Antonio de Viana (1604), «los varones / En quien mas parte de prudencia auia, / Dixeron ser del cielo alguna estrella / En traxe de muger hermosa y bella». Idea que concreta un poco más el informe del agustino Juan González de Mendoza (1585), autor que señala cómo «los moradores de las dichas islas, la comenzaron a tener en muy grandísima veneración, llamándola Madre del Sol». Y esto era así hasta tal punto que, conforme a la declaración del dominico Alonso de Espinosa (1594), «si la Fe no les enseñara la Candelaria ser madre de Dios, y no Dios: la confessaran a ella y tuuieran por tal». Pero igual que la fecunda tradición oral conservada en el sur de Tenerife insiste aún en su dimensión cósmica. En ese horizonte se sitúa una insólita plegaria que recuerda (2001) doña Sita Chico, vecina de Güímar: «¡Uh! Magné Mastáy / Achen tumba Manéy», donde de nuevo se rinde culto a Magné o Ma-əgənnă, la ‘madre del cielo’.

Consideraciones que, sin embargo, podrían pasar por simple retórica literaria, si no fuera porque ahí no terminan las afinidades significativas. La etimología del nombre ínsuloamazighe adjudicado a esta advocación cristiana, Chaxiraxi o ta-aghir-agh(i), habla de ‘la que carga o sostiene el firmamento’, es decir, presenta una madre cósmica o diosa primordial congruente por completo con el mito cosmogónico organizado en torno a Canopo, la Guayarmina o Wayya-ar-minna isleña que ‘protege hasta el comienzo de la sequía prolongada’ (los meses que, en Canarias, transcurren entre abril y agosto, justo el lapso de su desaparición del lienzo estelar perceptible).

Tanto en Chaxiraxi como en su correlato masculino Guayaxiraxi o Wayya-aghir-agh(i), el ‘espíritu que sostiene el firmamento’, se acude a la noción cosmológica axir o aghir para evocar el conjunto de la ‘bóveda celeste’, la creación sustentada por el hálito divino. La implicación de esta imagen en el credo indígena recorre también su variante de pronunciación acur o aqqûr. El poeta grancanario Bartolomé Cairasco (1582) nos regala esta variante en su celebrada Comedia del Receuimiento, cuando hace exclamar a un sorprendido Doramas (Durar-ammas): «Aramera macura[,] aramera macura», esto es, Ar ammer am aqqûr-a o ‘parecemos cosa del cielo’, según la afinada traducción que Sabiduría brinda a sus hermanas Invención y Curiosidad. Aunque la trascendencia cualitativa de este aqqûr reside en su inequívoco alcance religioso, ámbito donde proporciona la base de significación para un teónimo que, en diversos contextos, las fuentes europeas documentan con detalle en las islas de Gran Canaria y Tenerife. Connotado por medio del índice adjetivo -an, no ofrece mayor dificultad reconocer aquí el más difundido de los nombres de Dios, Acorán o Aqqoran, ‘el Celestial’.

Pero no sólo en la razón mística vivían los antiguos isleños su relación con la naturaleza, aunque hasta en el léxico más descriptivo parece alentar siempre un sentido figurado que busca acceder a ese territorio sutil. Así sucedía con el nombre de un insigne jefe cantonal de La Palma: en Mayantigo o M-azgan-tigăwt, la referencia celeste (tigăwt, pl. tigăwtăn) apenas refleja otra literalidad que el espacio donde acontecen las manifestaciones atmosféricas, aunque una condición más valiosa debía de subyacer en esa estampa para que la ‘gentileza’ del personaje fuera destacada ‘como parte del cielo’. Porque acaso el ser humano nunca ha sido capaz de crear una vida a la altura de sus sueños...

Autor: Ignacio Reyes

6 abr. 2009

Pervivencia indígena en las casas de Tunte

Por la documentación histórica, con los repartimientos de tierra sabemos que existían tres poblados aborígenes muy próximos, Taidia, Tirajana y Tunte. Es en este último lugar, conocido en la actualidad como Villa de San Bartolomé de Tirajana, donde aún hoy pervive una construcción en superficie con marcada influencia indígena.


La vivienda ubicada en La Montañeta, presenta una planta cruciforme y un exterior circular, con clara influencia prehispánica en su construcción. En la imagen inferior, podemos apreciar una ilustración que reproduce una vivienda aborigen; en gran medida, la casa de Doña Carmela Morales Medina, propietaria de la vivienda en estudio, presenta una gran sintonía con la prehispánica. La única diferencia apreciable viene dada por la construcción del techo. La vivienda actual presenta un tejado a dos aguas, cubierto en origen con barro y pajas, colocándosele posteriormente tejas.


Gracias a la labor de Doña Carmela Morales Medina, “La Casa Canaria” de Tunte se mantiene en pie. Su preocupación va más allá, desea que sus descendientes la mantengan, para el disfrute de las generaciones futuras.Las fuentes documentales del siglo XVI mencionan la existencia de casas aborígenes en el lugar, al mismo tiempo, la viajera inglesa, Olivia Stone, en su libro “Tenerife y sus seis satélites”, publicado en el año 1887, describe la llamada “Casa Canaria” de Tunte. De los tres poblados cercanos, Tirajana era el mayor de ellos, con más de cien cuevas habitaciones, graneros y necrópolis. Taidia, con cuevas al naciente y el poniente del “Pan de Azúcar” o “Los Riscos Blancos”, aparece en plural en los documentos antiguos. Al pie del risco estaba el almogarén de Humiaga, destruido el 24 de agosto de 1479 por el conquistador Pedro Hernández de Cabrón.



[El interior, con una planta cruciforme, presenta 7´50 m. de largo, 5´50 m. de ancho, 1´80 de altura actual, con el relleno que se le ha efectuado a la “Casa Honda”, construcción aborigen que pretendía crear el microclima de una cueva; la altura sería, aproximadamente, de 2´50 m.]


Tunte estaba configurado con viviendas en superficie y cuevas, perviviendo hasta hace poco la actividad alfarera de tradición aborigen, centro locero denominado de “Las Mónicas”, que presenta un lamentable estado. Los herederos y la institución municipal deben velar por la recuperación del mismo. La construcción del techo a dos aguas viene dada por la influencia cristiana de los conquistadores; en cierta forma, podemos hablar de un “sincretismo” arquitectónico, único en toda Canarias. La pervivencia de este tipo vivienda, nos hace pensar en la presencia de familias aborígenes en Tunte después de la conquista de Gran Canaria, que por la lejanía del centro de poder, pudieron mantener parte de la cultura prehispánica. La planta circular de “La Casa Canaria”, construida con piedras, sin argamasa, se mantiene en perfecto estado. La protección y recuperación del entorno debe estar en la agenda inmediata de las autoridades competentes. El apoyo institucional a Doña Carmela Morales, para la rehabilitación del inmueble, debe primar ante cualquier otro objetivo, despejando de construcción actuales que ocultan el inmueble, ocultando uno de los más valiosos patrimonios de Canarias. El Taller de Historia Local y Familiar del Centro de Interpretación Etnográfico e Histórico Laudencio García del Ceo Tunte, brinda su colaboración, dentro de sus posibilidades, en la recuperación de la Casa Canaria y el Centro Locero de la Villa de Tunte.


Autor: Felipe Enrique Martín Santiago es director del Taller de Historia Local y Familiar.


Fuente: http://www.bienmesabe.org/noticia.php?id=37938