23 ago. 2009

Almas de luz.

Algunos indicios permiten conjeturar que los antiguos isleños concebían el espíritu humano como una emanación de la poderosa luz solar, pero compuesto a su vez por dos almas, una sutil y otra vegetativa, igual que ocurría en las tierras del Nilo.

Allí donde la estabulación urbana y su frenética deshumanización no han desplazado por completo los viejos modos de vida, todavía se observan algunas costumbres que reviven gestos y conceptos ancestrales. Un caso extraordinario, pues ha eludido la poderosa influencia cristiana en las Islas, reside en el hábito de colocar piedrecitas en las encrucijadas de los caminos o, incluso, en los brazos de alguna cruz instalada con motivo de alguna muerte violenta. En algunas comunidades amazighes del Continente, esa rutina funeraria también ha sorteado la prescripción islámica. Depositar dos guijarros (timenirin) sobre la tumba de los hombres y tres sobre la sepultura de las mujeres sigue siendo un acto frecuente, por ejemplo, en el sur de Marruecos.