26 abr. 2012

¿Romanos en Canarias?

Para la intelectualidad canaria “occidentalizada” y para los políticos de ciertas tendencias, sigue siendo más elitista, más enriquecedor, más interesante, insertar a Canarias en Europa, en la cultura del Mediterráneo


José Farrujia*. Se ha difundido entre los medios de comunicación la noticia sobre el hallazgo de un yacimiento romano en la isla de Lobos. La noticia se ha presentado, una vez más, y como viene siendo habitual por estos lares, antes del pertinente trabajo de investigación, del pertinente trabajo de laboratorio, de las pertinentes conclusiones fruto de la teorización y del apoyo de las dataciones absolutas. 

Desde la década de 1960 ya se viene hablando en Canarias de la presencia romana en las islas (a partir de evidencias arqueológicas y no exclusivamente de las fuentes escritas). Por tanto, la noticia aparecida en prensa no debería sorprender, al menos a priori. Me remito a los textos de Blázquez o Álvarez Delgado, entre otros investigadores de esa época.

No obstante, el gran error reside en seguir apostando, “vendiendo” esa concepción “elitista”, “occidental”, “mediterránea” de nuestra Prehistoria. La presencia de material romano en Canarias (ánforas, vidrio...) es un hecho hoy en día incuestionable. Así lo han puesto de manifiesto los hallazgos subacuáticos en aguas Canarias o las excavaciones en yacimientos como El Bebedero.

¿Pero quiénes son los responsables de la presencia de este material en las islas? Obviamente, los romanos no. Todo apunta, en función del conocimiento científico actual, a que fueron las propias sociedades imazighen las que, tras su contacto con el África Romana, asimilaron algunos elementos de la cultura romana, introduciéndolos luego en nuestras islas. Asimismo, tampoco deberíamos descartar la existencia de intercambios comerciales entre las sociedades indígenas canarias y gentes romanizadas procedentes del norte de África. Por este motivo, precisamente, la representatividad del material romano en los yacimientos, en comparación con el material de factura indígena, es muy pequeña. Es decir, hay muy pocos materiales romanos, frente al predominio de los materiales indígenas. Por tanto, el contacto existió pero no fue lo suficientemente intenso ni continuado en el tiempo como para generar una romanización de las islas, con presencia en el registro arqueológico de otros elementos como templos romanos, calzadas, acueductos, anfiteatros, etc., como sí sucedió en el Norte de África y en otros ámbitos del Imperio romano.

Para la intelectualidad canaria “occidentalizada” y para los políticos de ciertas tendencias, sigue siendo más elitista, más enriquecedor, más interesante, insertar a Canarias en Europa, en la cultura del Mediterráneo, en definitiva, en la Historia Universal, a partir de la relación del Archipiélago con el Mundo Clásico.

Hasta tanto la Arqueología no demuestre lo contrario, las Islas Canarias fueron pobladas, a mediados del primer milenio a.n.e., por sociedades imazighen, procedentes del norte de África. Con posterioridad, en torno al cambio de Era y coincidiendo con la dominación romana del norte de África, se produjo una segunda arribada de poblamiento al Archipiélago. Este sustrato amazigh explica la presencia de escritura líbico-bereber en todas las islas, así como de otra serie de manifestaciones culturales y mágico-religiosas propias de los antiguos amazigh. Asimismo, desde el punto de vista genético, un 55% de los linajes indígenas tienen sus homólogos más cercanos en el Magreb.

La presencia de cerámica sigillata en el yacimiento de Lobos no debe sorprendernos, básicamente porque la denominada “Sigillata africana” se produjo en el África proconsular y Mauritania desde el siglo I al VII, fechas en las que las Islas Canarias ya estaban pobladas. En una primera fase (terra sigillata africana tipo A) solo se usaba para el comercio local, no siendo hasta la época flavia cuando comenzó su comercialización a gran escala. Incluso la sigillata africana de época más antigua imitó la forma de las sigillatas hispanas y sudgálicas.

Esperemos, pues, a los estudios científicos del equipo al frente del yacimiento en la isla de Lobos, para evaluar la verdadera potencialidad de este yacimiento y sus implicaciones crono-culturales en la arqueología ínsulo-amazigh.


José Farrujia* Doctor en Prehistoria

21 abr. 2012

Juego del Palo, colonialismo y cultura de resistencia

Respuesta de José Víctor Morales Magyín* para finalizar el debate sobre el Juego del Palo Canario con Alejandro Rodríguez. Una excelente reflexión sobre las hipótesis que se han empeñado históricamente para adjudicar un origen europeo a todo elemento cultural isleño que ha llegado vivo a nuestros días.

[Pedro Morales con 80 años]

 Después de leer su última respuesta, no he tenido más remedio que reflexionar sobre el tipo de sociedad en la que nos encontramos, no es casualidad esa negación del patrimonio cultural autóctono, responde a la situación sociohistórica de nuestras islas. Responderé a su artículo cuyo contenido y tono son realmente incalificables, manifestándole las siguientes apreciaciones. Desde mi punto de vista sobran ya, a estas alturas, algunas explicaciones sobre este capítulo de nuestra cultura atávica, este eterno replantear de nuestra identidad, alejándonos de una conciencia propia; responde a una estrategia trazada durante siglos, los pueblos que no tienen un pasado claro, no existen. Mire, por mi parte, no voy a retroceder un paso más para facilitar el despojo cultural que han significado estos cinco siglos de la Historia de Canarias. Del juego del palo se han generado varias e inútiles hipótesis que, una a una, han ido esfumándose por sí mismas en el contraste dialéctico con la realidad: que si procedía de la doma de camellos, que si procedía sólo de Fuerteventura, que si su origen fue Cuba, que si nace de una amalgama imposible de elementos europeos… En fin, todo con tal de no mirar en la dirección correcta, para justificar la apisonadora cultural que ha dejado el patrimonio canario como está. Mire, Sr Alejandro, el colectivo al que usted pertenece, CUPC, definió hace algún tiempo el juego del palo, su origen y evolución, en los siguientes términos: El juego del palo canario se enraiza en las prácticas defensivo ofensivas de los aborígenes canarios, que, según relatos de los cronistas de la época, tenían también desarrollada la concepción lúdica, de juego, que se manifestaba en festividades y celebraciones. Este tipo de prácticas pervivieron hasta la actualidad entre campesinos y pastores, que las mantuvieron y enriquecieron a través de una, a veces, tortuosa y oculta transmisión, dado su carácter potencialmente ofensivo y peligroso, y la actitud generalmente contraria a ellas de distintas instancias e instituciones de nuestra historia insular.1

Suscribo totalmente la anterior definición, aunque faltaría señalar el importante papel de las familias como recipiente de la cultura de resistencia. En los pueblos colonizados las familias son la estructura mínima permitida por el colonizador donde se concentra la actividad autóctona del colonizado; no en vano, en los primeros momentos en Canarias, y mediante la esclavitud, se separó a padres de hijos, parejas, etc. Es evidente que las antiguas tradiciones sólo se pudieron mantener en el mundo de los canarios, no otros, sea cual sea su actividad (campesino, pastor, indigente, peón, mozo, etc.). Así consta en la historia y así lo dejaron reflejado los cronistas y autores que escribieron sobre el tema, y no de oídas, sino como advirtió el catedrático de prehistoria y arqueología de la Universidad de La Laguna Antonio Tejera Gaspar en una magnifica conferencia, recogiendo el testimonio de los guanches supervivientes: … No es repetición sino tomado directamente de lo que aun quedaba en las islas (Marín y Cubas, Espinosa, Núñez de la Peña) gente que en el XVI copian las transmisiones de los individuos puramente guanches que estaban vivos y presentes…2
 La negación de la cultura de resistencia es un fenómeno ideológico, quedan abundantes datos sobre la presencia de grupos compactos de indígenas que mucho después del fin de las operaciones militares de conquista, se mantuvieron en un aislamiento voluntario, cultivando sus sistemas de vida y, por supuesto, perseguidos por las autoridades coloniales. Así puede apreciarse, por ejemplo, en el siguiente texto de los acuerdos del Cabildo de Tenerife, hacia 1518: … fue acordado que la dicha ordenanza no se estendiese más que a los guanches que viven en las montañas, que no andan ni se tratan en el vestir ni en las otras cosas como los castellanos, salvo que andan entamarcados con tamarcos, como solían andar antes de que fuesen cristianos e que no vienen ni se allegan en domingos ni fiestas ni en otros días, ni con los castellanos, más siempre se andan por las sierras e montañas con tamarcos de cueros, como se andavan antes de ser cristianos e no quieren obedecer lo que se les es mandado por la justicia ni pueden así ser avídos para hazerseles cumplir como conviene.3
 Este uno de tantos testimonios de la realidad de la época, pero no sólo la verdad viene dada por la documentación de las autoridades coloniales. Cualquier viajero que, por motivos distintos, tuviese que permanecer en Canarias en el periodo tras la Conquista, podía observar a los indígenas y verter su juicio sobre ellos. Así, Sir Edmon Scory, un comerciante inglés que residió algunos años en Tenerife relata, en 1598, es decir, próximos a entrar en el siglo XVII que … los primeros moradores de esta isla se llamaron guanches, pero es muy difícil saber de donde vinieron, porque era gente ruin y aun lo es, del todo bárbara y sin letras.4



Maestro D. Pedro Morales y D. Pedro Domíngez en San Andrés a principios de los 50
Son estos, y muchos hechos argumentales más, los que se podrían aportar sobre la presencia de un sustrato de población indígena importante, que pervivió en las más variadas formas y que se mantuvieron en su conciencia de pueblo, desarrollando los elementos de su cultura fragmentada. Las características propias de los antiguos canarios perviven fosilizadas por la presión del sistema colonialista, ancladas, sin desarrollo, prácticamente hasta entrado el siglo XX. Se reconocen algunas de las actividades del mundo prehispánico en las descripciones del tiempo posterior, acciones como el tiro de piedra, de gran importancia en el mundo canario, perviven con todo su rigor, así lo contaba en 1678 el padre Sosa… A mí me dijo un religioso de mi orden, predicador, hombre de mucha verdad y de fidedigno, natural de dicha isla [Gomera], que conoció algunos gomeros aun en esta edad, tan fuertes que tiraban una piedra a un tronco verde de una tabaiba y la escondían dentro algunas veces, y las otras, las dejaban en su palo estopiento bien clavada5
 Y un siglo más tarde, el insigne científico y estudioso Gregorio Chil y Naranjo recogía en sus Estudios… algo parecido sobre los canarios: … y los hombres los mejores tiradores de piedra que se conocen; pues hay muchos que cuando van a cazar prefieren tirar a las aves con piedras antes que con escopeta…6
 Es indudable el contraste y la relevante presencia que esa parte de los habitantes de Canarias, descendientes de los antiguos canarios en sus formas varias (campesinos, pastores, leñadores, arrieros, alfareros, etc.), significaban aún en el siglo XIX. Nada más y nada menos que el Cónsul de Francia en Canarias, y experto historiador y arqueólogo Sabino Berthelot, exponía así, en la Sociedad Geográfica de Paris, sus conclusiones sobre trabajos de campo hechos en Canarias: "(Asamblea general de la sociedad de geografía de Paris. Informe del secretario general Mr. Berthelot 22 de abril de 1840)": El actual insular canario si bien ha perdido las creencias y olvidado el idioma de los guanches, del que no pronuncia sino algunas palabras alteradas, conserva sin embargo en su rostro, en su porte, en sus costumbres y usos trazos muy notables de aquellos primitivos habitantes de las Afortunadas: manso, obsequioso y cortesano, es también como el guanche humilde, mañoso y astuto; atrevido hasta la temeridad en el peligro más eminente; desconfiado y tímido por bagatelas, apasionado al juego, a la danza, al canto y a todos los ejercicios gimnásticos; amoldado a los más duros trabajos y siempre infatigable; sobrio por necesidad o glotón cuando escita su apetito una comida regalada; grave en su porte, sencillo en sus gustos, sentenciosos y reservado en sus discursos, tal aparece el campesino canario ya en su aldea, ya aislado en las cuevas de sus barrancos o apriscando en sus montes. Digámoslo en honor de esos buenos insulares, la navaja colgada habitualmente en su cintura no le sirve sino para tajar correas o desmenuzar leña; el garrote es la única arma que emplean para terminar sus riñas.7
 Es en extremo interesante la cita, pues introduce al juego o esgrima con bastones como una de las marcas de identidad más importante de los canarios. Vinculada plenamente a los modos de vida de los campesinos y pastores, así como a su psicología. En sintonía muy parecida comenzaba a escribir sobre sus conclusiones antropológicas sobre los canarios Juan Bethencourt Alfonso y en la temprana fecha de 1880 exponía ya las siguientes conclusiones: … Es muy general la creencia entre nosotros […] de que los conquistadores destruyeron totalmente al pueblo guanche […]. Sin embargo esta especie de absorción por la raza conquistadora no ha sido tan completa como se cree; en el mobiliario de las casas de nuestros campesinos, en sus vestidos, usos, juegos, bailes, riñas, aficiones, ejercicios, género de alimentación, manifestaciones de alegría, etc. hay más guanche que español…8
 Los datos que van apareciendo en la investigación vinculan de manera rigurosa la esgrima o juego del palo con la cultura canaria autóctona, sin lugar a dudas, y en ningún momento encontramos nada, ni el más mínimo indicio que pueda haber sido de otra manera. Así lo manifestaba también Ernest Hart, médico e investigador en sus estudios sobre Canarias: … Sus diversiones predilectas eran al baile y las pruebas de fuerza, de las que los españoles refieren notables ejemplos. La lucha cuerpo a cuerpo y con el palo sobreviven todavía en las Canarias a las tradiciones indolentes de la vida española.9
 En mi opinión, la cultura de resistencia desempeña un papel determinante en el modelado de la sociedad colonial prehispánica y en siglos posteriores. Se transforma en la cultura subalterna, propia de clases inferiores (pastores, campesinos, mozos, peones), originada además por un grupo étnico diferente, vencido, dominado, explotado y a merced de las exigencias de un nuevo poder y sus necesidades económicas. Estas necesidades convierten, al nuevo hombre colonizado, incluso, en mercancía. Muchos no lo toleran, y se lanzan a las zonas del interior, a vivir como siempre lo habían hecho, el paso del tiempo hará el resto.
 De este modo se crean las condiciones para que la ideología de la clase subalterna se manifieste en la identidad y apego a sus patrones (hechos) culturales; estas clases desposeídas del arte de la escritura manifestaron su identidad en un doble proceso:

1) Tradición oral: adquiere una relevancia definitiva para las clases subalternas; estas, desposeídas de la escritura, transmiten sus conocimientos mediante la oralidad, es el soporte básico de su transmisión.
2) Prevalecen las actividades culturales que son dinámicas, frente a lo estático de la escritura, literatura, artes plásticas, componentes tradicionales de la cultura dominante o colonizadora, es decir, de la cultura superior. Así, las pervivencias del colonizado se centran en torno al folclore musical o actividades físico-deportivas (lucha, juego del palo, salto del pastor y otros juegos de fuerza y habilidad), actividades que claramente definen lo esencial de la transmisión prehispánica.
En esta línea se manifestó uno de los grandes teóricos de los estudios sobre el colonialismo, el tunecino Albert Memmi, y sus palabras son aclaradoras: Mientras soporta la colonización, la única alternativa posible para el colonizado es la asimilación o la petrificación. No siéndole permitida la asimilación, como veremos, no tiene otra posibilidad que vivir fuera del tiempo. A ello le obliga la colonización y, en cierta medida, a ello se habitúa. Estándole prohibidas la proyección y construcción del futuro, tiene que limitarse al presente. Y un presente mutilado, abstracto. Debemos añadir que cada vez dispone menos de su pasado. El colonizador nunca se lo ha reconocido. Y ya se sabe que el villano cuyos orígenes no se conocen, no los tiene. Hay algo más grave. Preguntemos al mismo colonizado: ¿Quiénes son sus héroes populares? ¿Sus grandes caudillos de pueblos? ¿Sus sabios? Apenas será capaz de darnos algunos nombres, en el mayor desorden, y cada vez menos, a medida que baja en generaciones. El colonizado parece condenado a perder progresivamente la memoria.10
 El hombre colonizado es una construcción del colonialista, como diría Frantz Fanon; este le sustrae de su cultura, de su pensamiento, de su capacidad de decisión, y realiza una potente obra ideológica para lograr la sumisión a través del convencimiento de que el colonizado es un ser inferior. En Argelia, antes de su independencia, estaba generalizada la idea entre muchos franceses de que los argelinos estaban en un grado de inteligencia sólo un poco más alta que un camello. En la Cuba española, los insurrectos de la manigua recibieron por parte de los españoles el nombre de mambí, y mambí omambises son unos pequeños simios de la fauna cubana. El sistema colonialista hace creer a la persona colonizada que es un inútil, un gandul (o aplatanado), que la tecnología y el avance proceden de la metrópoli, que cualquier rasgo cultural interesante pudo haber procedido del exterior (difusionismo) empantanando la clara tradición cultural de un pueblo con confusas teorías que le alejan de su pasado. Así, el desarraigo -falta de raíces culturales- se convierte en un arma secreta repetida machaconamente hasta la extenuación. Los individuos no sujetos, no ligados, no enraizados a un pequeño fragmento de identidad, desgajados de cualquier referencia que les devuelva una garantía de personalidad propia, flotan ideológica y psicológicamente en el limbo de las teorías confusas que plantea el sistema colonialista para tenerle como una marioneta. Así, la reconstrucción del folclore, y de su evolución, sin un trabajo serio de acercamiento a la realidad, ha favorecido que la psicología del hombre colonizado se amolde a las necesidades de la estructura de explotación colonial. Tal y como nos explica el psicólogo canario Manuel Alemán en su conocida obra… En realidad, si al hombre canario se le ha negado la facultad de pensar su mundo, se le ha negado, querámoslo o no, su condición de persona, los niveles superiores de “ser hombre”. Negación del pensar entraña la negación de “decidir”: los mecanismos de sumisión del canario han sido manejados en la dinámica estructural hasta el punto de acatar al dictado los modelos económicos, las técnicas de cultivo, su exportación y su financiación, sus ciclos de oferta y demanda, el término de un cultivo y la implantación del otro, sin que el hombre canario pudiese decidir y prestar su iniciativa. El hombre isleño vive así sin pronunciar sus propias opciones porque, al obedecer la palabra mandato europea, silencia inconsciente o ignoradamente, su propia decisión.11
 El juego del palo es parte de esa identidad mineralizada de la cultura de una nación destruida hace cinco siglos, los supervivientes no tuvieron otra posibilidad que aferrarse a ese detalle de su historia. Como dice el maestro Pedro Morales:Si el juego del palo hubiese desaparecido, ni con todo el oro del mundo se hubiese podido retroceder para recuperarlo, es un milagro de pervivencia, requiere el máximo respeto. Esa es la intención que mueve mi trabajo, el máximo respeto y dedicación a una tradición de valor incalculable. El que quiera entretenerse valorando mi trabajo, que lo haga realmente atendiendo a lo que digo, no a lo que sugiero, dejo entrever o alguien cree adivinar.

 Autor: José Víctor Morales Magyín (Autor del libro 'Historia del Juego del Palo Canario')
Publicado en Bienmesabe.org

Notas
1. CENTRO UNIVERSITARIO DE PALO CANARIO: “El juego del palo Canario. El respeto a la tradición.” En Tenique, Revista de Cultura Popular Canaria, nº. 3, Grupo Folclórico del Centro Superior de Educación, Vicerrectorado de Alumnado de la Universidad de La Laguna, La Laguna, Tenerife, 1995.
2. Teniendo en cuenta también al poeta Viana, TEJERA GASPAR, Antonio: La arqueología en Canarias, de la ciencia al mito. Conferencia impartida en el Museo de la Ciencia y el Cosmos, La Laguna, 21-02-1997.
3. Acuerdos del Cabildo de Tenerife 1514-1518, Fontes Rerum Canariorum XIII, Vol III, edición y estudios Elías Serra Rafols y Leopoldo de la Rosa Olivera, Instituto de Estudios Canarios, La Laguna, Tenerife, 1965, p. 12.
4. CASTILLO, Francisco Javier, “El texto de Sir Edmon Scory sobre Tenerife”, en Tabona; Revista de Prehistoria y Arqueología, VIII, tomo I, Secretariado de Publicaciones, Universidad de La Laguna, Islas Canarias, 1992-1993.
5. SOSA, Fray José: Topografía de la Isla Afortunada Gran Canaria cabeza de partido de toda la provincia compresiva de las siete islas llamadas vulgarmente Afortunadas. Su antigüedad, conquista e invasiones, sus puertos, playas, murallas y castillos; con cierta relación de sus defensas, escrita en la M. N. y muy Leal Ciudad Real de las Palmas por un hijo suyo este año de 1678, Imprenta y librería Isleña, Santa Cruz de Tenerife, 1848, p 41.
6. CHIL Y NARANJO, Gregorio: Estudios Históricos, Climatológicos y Patológicos de las Islas Canarias, Primera parte, Historia, tomo I, Las Palmas de Gran Canaria 1876, p. 508.
7. BERTHELOT, Sabino; "Informe sobre Las Islas Canarias, tomado del Diario General de Francia 22-abril-1840", en La Aurora. Semanario de Literatura y Artes, tomo I; sept. 1847 a sept. 1848, Imprenta Isleña, Santa Cruz de Tenerife, 1848.
8. BETHENCOURT ALFONSO, Juan, en Revista de Canarias, año II, nº. 31, marzo 8 de 1880, Tenerife, p. 69.
9. HART, Ernest: "Una excursión en invierno a las Islas Afortunadas", Diario de Tenerife, año I, nº. 208, sábado 9 de julio 1887, Santa Cruz de Tenerife.
10. MEMMI, Albert: Retrato del colonizado, Textos anticoloniales, ediciones La Marea, Islas Canarias, 1999, p. 93.
11. ALEMAN, Manuel: Psicología del hombre canario, citado por MORERA, Marcial: Lengua y colonia en Canarias, edit. Marcial Morera, La Laguna, 1990 p. 91.

3 abr. 2012

En recuerdo de Salvador González Alayón, un puntal de la cultura tradicional canaria

Falleció Salvador, un cabrero de Arona -sur de Tenerife- conocido en toda Canarias por su destacado papel en la conservación y difusión de la cultura tradicional canaria. En homenaje compartimos con ustedes un artículo de Javier Feo sobre su figura.


Javier Feo. El Día. Hombre afable, cordial, entrañable y un gran orador y conversador son algunos de los adjetivos que Salvador González Alayón se ha ganado con el paso de los años. Este cabrero aronero insigne de casi 91 años lleva con amor y gran recuerdo su profesión, que le han hecho merecedor del respeto y admiración no sólo en su pueblo natal, sino también en el resto de la comarca y de la Isla. De hecho, en El Fraile cuenta con una calle, le han rendido homenajes distintas asociaciones, está dentro de libros de texto de la enseñanza e incluso le han llamado desde la Universidad de La Laguna (ULL) para que relate sus experiencias, sometiéndose posteriormente a las preguntas de los alumnos. Además, está considerado como descubridor, ya que en el invierno de 1932 halló el asentamiento guanche de Guargacho mientras estaba realizando la trashumancia con su rebaño, circunstancia que le permitió conocer al historiador Diego Cuscoy. Muchas son sus vivencias y recuerda, sin necesidad de una "chuleta a mano", toda su vida: desde su niñez a la adolescencia, donde incluso participó en la Guerra Civil, así como la posguerra y su etapa como trabajador de la construcción de carreteras, donde participó en la creación de la calzada de El Camisón (Playa de las Américas) y la de La Centinela (Valle San Lorenzo-San Miguel de Abona). Ahora bien, la mayor actividad de este ilustre aronero fue como cabrero al ejercer más de medio siglo la profesión de cabrero, tomando el relevo a su padre después de su muerte, pasando por sus manos miles de cabras durante este tiempo. Salvador González, que nació un 15 de noviembre de 1919 en la Cañada Verde y que realizaba sus labores de pastoreo entre la zona del Bebedero (Rasca) y El Monte (San Miguel de Abona), señala que "las cabras conocían mi estado de ánimo en cualquier momento y sólo con silbarles ellas ya sabían lo que tenían que hacer y a dónde dirigirse. Al igual, que los perros "Copito" y "Conde", que cuando les daba una orden ellos ya sabían lo que tenían qué hacer con el ganado". Fue, sin duda, una época muy entrañable y como buen cabrero conocía perfectamente lo que le ocurría a "La Ballena", "María Romana" o "Mariposa", así como a cualquier otra cabra de su rebaño. En algún momento como pastor llegó a contar con más de 400 cabezas de ganado. "Cuando alguna de las cabras tenía una oreja para atrás y la otra para adelante mientras se ordeñaba eso significaba que el animal tenía alguna enfermedad" y había que averiguar lo que le pasaba para intentar remediar el mal que le aquejaba, relató emocionado González Alayón. Señaló también que en la época de "enamoramiento" de las cabras había que mojarlas con agua salada para que fueran más receptivas y se facilitaba que "quedasen preñadas. En los momentos de los partos, en numerosas ocasiones tuve que ejercer de partero ante la falta de veterinarios. Además, algunos eran un poco brutos con los animales". "Si el baifo venía virado me aceitaba la mano" y ponía bien al animal, "con ello se conseguía salvar al baifo y a la cabra. Una vez la cría fuera del vientre le daba de beber medio litro de vino con el objetivo de desparasitarla", rememoró Salvador. Hoy en día muchos cabreros le consideran un veterinario y "me vienen a pedir consejos" en base al trabajo, esfuerzo y las experiencias de más de medio siglo de dedicación al mundo de las cabras.